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Quédate en tu zona de comfort

Hospital AnaAlvarezErrecalde

Hay frases que se ponen de moda y por reiterativas pasan incuestionadas.
Una de las últimas que logra poner cada célula de mi cuerpo en estado de alerta es “sal de tu zona de comfort”.

A mi me parece que debemos ser muy idiotas para salir del lugar donde mejor estamos, del lugar donde se nos aprecia y se nos mima.
Hay que ser muy imbécil para menospreciar los privilegios con los que contamos y no sólo no compartirlos, sino encima hacer alarde de  “soltar” lo que la suerte (de haber nacido en determinado lugar/familia/ entorno) nos ha dado…
Salir de la zona de comfort a propósito y proclamarlo a los cuatro vientos es el nuevo ejercicio “pij-ippy”: Viajes de voluntariado para compartir beneficiencia en Facebook, viajes “exóticos” donde bailar tango, encontrar la “iluminación” vacacional, trenzar el pelo como los nativos, a costa y al margen del dolor verdadero de la gente que vive crisis eternas y reales que pasan a la banalidad formando parte del decorado de las fotos de Instagram…
Si tienes la oportunidad de viajar, hazlo.  No pasa nada si decides salir de tu zona de comfort. Puede ser que lo creas necesario. Que te haga sentir libre. Estás en todo tu derecho. Pero por favor, ten la humildad y la decencia de guardártelo para tus adentros. No lo comentes con nadie y mucho menos te atrevas a utilizarlo como estandarte de crecimiento ni como capacitación para “inspirar” a otros.
No hagas alarde de eso por respeto a quienes nunca han conocido una zona de comfort por guerras, por economías destruídas, por familias destrozadas. Respeta a quienes salen de su zona de comfort por amor a las personas que ya no pueden valerse por sí mismas. Respeta a quienes salen de su zona de comfort arriesgando su vida intentando ayudar a otros. Respeta a los perseguidos, a los deportados, a los silenciados, a los censurados. Respeta a quienes salen de su zona de comfort acompañando las sacudidas de niños y niñas que no paran de tener crisis convulsivas, acompañando a quien está enfermo, sosteniendo la mano de quien muere…
Respeta a quienes tienen una zona de comfort tan pero tan breve, que puede ser delimitada por un plato de sopa, un rato sin dolor, tener abrigo o una hora cada tantos días para no hacer nada.
Respeta a quienes ni siquiera saben lo que es una zona de comfort porque han crecido entre bombardeos, entre amenazas, entre discusiones o golpes, en constante miedo…
Respeta y si cabe, ofrece ayuda, que a veces los viajes más exóticos son justo los que empiezan cuando decides hacer algo que logre alegrarle el día a quien tienes más cerca.
Y sobre todo, antes de ayudar, goza. Mira muy bien todo lo que tienes: salud, conocimientos, techo, agua potable, dinero o capital que te garantice ciertas comodidades,  libertad, contactos, alguien que te ame y alguien a quien amar, prestigio, talentos… dale valor…disfrútalo, agradece…No los niegues. No los menosprecies. Eso es lo que constituye tu zona de comfort. Quédate ahí tanto como sea necesario. Eso es lo que te nutre. El hogar. El regazo. La teta de tu madre. Placer y gozo.
Cuando seas capaz de sentirte dichosamente afortunada, cuando mires alrededor y puedas sentirte plenamente satisfecho, repara el daño de la cultura de sufrimiento.
Ahora sí: llena de consciente abundancia la carencia.
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Hospital ©Ana Álvarez-Errecalde – 2016